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Nuestra historia
Team Death Row nació en 2016 con tres sacos colgados en un local prestado y la idea de que el boxeo no era solo para profesionales. Hoy somos un club con horario completo, pero seguimos con la misma regla: nadie se queda sin atención.
2016
Abrimos con tres sacos, un ring de segunda mano y clases solo por la tarde. El primer grupo fue de seis personas que querían aprender a boxear sin subirse a un ring de competición.
2018
Incorporamos el entrenamiento funcional de alta intensidad como complemento al boxeo. La demanda creció y tuvimos que ampliar el espacio y comprar más material: cuerdas, kettlebells y un segundo saco pesado.
2020
Decidimos limitar las clases a diez personas por sesión. Perdimos ingresos a corto plazo, pero ganamos seguimiento real: cada alumno tiene un plan de progresión y un entrenador que conoce su nombre y sus limitaciones.
2022
Nos mudamos a un espacio con suelo de goma, ventilación real y vestuarios. No es un gimnasio de lujo, pero cada rincón está pensado para entrenar sin excusas y sin esperar turno para usar el saco.
2023
Tres alumnos dieron el salto a un combate amateur de exhibición. No buscamos crear campeones, pero sí dar la oportunidad de medirse a alguien de verdad, con protección y con un árbitro que conoce las reglas.
2024
Hoy somos un club con más de cuarenta alumnos activos, cuatro entrenadores certificados y una lista de espera para las horas punta. Seguimos siendo un club de barrio, pero con la seriedad de un equipo que planifica cada sesión.
El boxeo y el entrenamiento funcional no transforman a nadie por arte de magia. Transforman cuando hay constancia, cuando el entrenador corrige la postura a tiempo y cuando el alumno entiende que la mejora es lenta. Nuestro trabajo es crear el entorno para que eso pase: horarios estables, grupos pequeños y un plan que se adapta al nivel de cada persona, sin importar si llega con experiencia o sin ella.
Nuestra historia
Team Death Row no empezó como un negocio. Empezó como un grupo de amigos que querían entrenar duro sin pagar una membresía de gimnasio comercial. Colgamos un saco en un garaje, pusimos música alta y nos dimos cuenta de que ahí había algo más que ejercicio.
Hoy somos un club urbano donde el boxeo amateur y el entrenamiento funcional conviven en cada sesión. No buscamos crear campeones de ring; buscamos personas que quieran superar sus propios límites, liberar tensiones y ganar confianza con un método claro, progresivo y seguro.
Cada clase se adapta a tu nivel. Empujamos fuerte, pero nunca a costa de una mala técnica o de una lesión evitable.
No eres un número. Corregimos tu postura, ajustamos la carga y seguimos tu progreso sesión a sesión.
El ambiente es lo que nos diferencia. Aquí nadie te juzga por empezar; te animan a seguir.
Trabajamos resistencia cardiovascular, coordinación, potencia y composición corporal con un plan que avanza contigo.
Nuestra razón de ser
Team Death Row nace de una idea sencilla: el entrenamiento de alta intensidad no es solo para atletas profesionales. Cualquier persona adulta, sin experiencia previa, puede aprender a golpear un saco, mover su cuerpo con control y ganar una condición física real. Nuestro trabajo es acompañar ese proceso con método, paciencia y exigencia justa.
No creemos en las rutinas milagro. Cada sesión se construye sobre la anterior: primero movilidad y técnica de golpeo, después circuitos de fuerza y resistencia. El avance se mide en semanas, no en promesas.
Un entrenador no puede corregir a veinte personas a la vez. Por eso limitamos el número de asistentes por clase. Así cada golpe, cada sentadilla y cada respiración se ajustan a tu nivel y a tus límites del día.
El boxeo y el entrenamiento funcional exigen respeto por las articulaciones y la espalda. Enseñamos la postura correcta antes de buscar intensidad. Prevenir lesiones es parte del rendimiento, no un extra.
El efecto no es solo físico. Al cabo de unas semanas notarás mejor resistencia cardiovascular, más coordinación y una composición corporal más definida. Pero también ganarás algo menos medible: la confianza de saber que tu cuerpo responde cuando le pides esfuerzo.